La Procesión del Silencio
J.Pareja Yevenes
cruzando Granada entera,
es maravilla y milagro
de arte, piedad y belleza.
Es sin lugar a dudas nuestra Cofradía muy peculiar en lo que a su procesión de Semana Santa se refiere. El paso de nuestra Cofradía y de nuestro Cristo por la Carrera del Darro es sin lugar a dudas uno de los momentos más emblemáticos de nuestra Semana Santa.
En primer lugar, hay que destacar que ésta se realiza desde la Iglesia de San Pedro y San Pablo, distinta de la que es nuestra sede canónica. Esto ha sido así desde el principio de los tiempos en que se funda nuestra Hermandad. Por tal motivo, siempre se ha realizado el traslado del Santísimo Cristo de la Misericordia, desde nuestra sede de San José hasta San Pedro. De manera tradicional se ha hecho en la mañana del Miércoles Santo, y el de vuelta en la mañana del Sábado Santo.
En segundo lugar, el recorrido, salvo algunas excepciones, se realiza con el alumbrado público y privado totalmente apagado, fomentando el clima de recogimiento y de silencio, por lo que en la calle no se ven otras luces que las de los cirios de los nazarenos y las propias del Paso.
Es tradicional, asimismo, el absoluto silencio que mantienen quienes presencian la Estación de Penitencia, silencio roto únicamente por el sonido del tambor que ininterrumpidamente suena durante todo el recorrido, así como del rastrear metálico de las cadenas que llevan atadas a los tobillos algunos hermanos en signo de penitencia.
Por tanto, el recorrido es de una belleza excepcional pues se inicia en la Carrera del Darro, a los pies mismos de las torres de La Alcazaba alhambreña. Igualmente, impresionante es la Estación que se realiza en la S.I. Catedral Metropolitana de Granada, ante una abarrotada Plaza de las Pasiegas.
El Viernes Santo a las cero horas y un minuto, y tras haber sonado los cuartos y las doce campanadas en la Torre de la Vela, saldrá procesionalmente nuestro Sagrado Titular, el Santísimo Cristo de la Misericordia, en la forma y modo que se determinan en nuestros Estatutos, sin que, bajo ningún concepto ni pretexto alguno, pueda alterarse el espíritu y la forma que se detallan.



