Introducción
La Iglesia Parroquial de San José de Granada constituye uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura religiosa tras la reconquista de la ciudad en 1492. Situada en el barrio del Albaicín, en un enclave de profunda raigambre histórica y simbólica, el templo se erige sobre la antigua mezquita al-Murābiṭīn, integrando en su estructura elementos del pasado hispano-musulmán con las nuevas formas cristianas. Esta superposición de tradiciones convierte a la iglesia en un testimonio material del proceso de transformación urbana, religiosa y cultural que experimentó Granada en el tránsito del mundo nazarí al orden cristiano castellano.
Más allá de su valor arquitectónico, San José destaca por la riqueza y calidad de su patrimonio artístico, compuesto por un notable conjunto de esculturas, pinturas y retablos de los siglos XVI al XVIII, muchos de ellos procedentes de iglesias suprimidas del Albaicín. Esta acumulación patrimonial ha configurado al templo como un espacio híbrido entre parroquia viva y museo de la escuela granadina de imaginería, donde se pueden rastrear las principales corrientes estéticas del Renacimiento y el Barroco andaluz.
La presencia de obras de artistas como Diego de Siloé, Alonso de Mena, José de Mora o Torcuato Ruiz del Peral sitúa a la iglesia en una posición privilegiada dentro del panorama artístico de la ciudad, convirtiéndola en un enclave fundamental para el estudio de la evolución de la escultura y la espiritualidad de la Granada moderna.
















Marco histórico
La fundación de la Iglesia de San José se enmarca en el amplio programa de reorganización religiosa y urbana impulsado por los Reyes Católicos tras la Reconquista de Granada. A partir de 1492, los antiguos espacios de culto islámico fueron progresivamente transformados en parroquias cristianas con el doble objetivo de consolidar la presencia eclesiástica y facilitar la Evangelización.
La iglesia de San José es una de las primeras iglesias de la ciudad, pues fue bendecida como tal por fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada. No obstante, su erección canónica como templo parroquial arranca en 1501, formando parte del programa de creación de parroquias, a instancias del cardenal don Pedro González de Mendoza. La mezquita aprovechada para su fundación era una de las más antiguas de la ciudad, conocida como mezquita de los Ermitaños o de los Morabitos (Masyid al-Murabitin) y debió ser un edificio de cierta relevancia, realizado en el siglo XI como centro de un barrio intramuros (Rabad al-Murabitin), ubicado en el ángulo suroccidental de la Alcazaba Qadima del Albayzín.
De su pasado como mezquita islámica conserva aún dos importantes elementos, fechados a principios del siglo XI, bajo la dinastía zirí de Granada. Se trata, en primer lugar, de la torre de la iglesia, antiguo alminar de la mezquita, al que se le añadió hacia 1525 un cuerpo de campanas. Es obra exenta, de planta cuadrada y con escalera en torno a un machón central, que presenta una interesante disposición en sus cuatro lados, mediante la alternancia de sillares de piedra de La Malahá en sentido decorativo, alternando uno de frente y varios de tizón. Es el único alminar conservado del siglo XI, y deja patente a través del despiece decorativo citado, y del vano de herradura que conserva en su parte central, el prestigio de las tradiciones califales en el arte de los reinos de taifas surgidos, como el zirí de Granada, tras la desintegración política del Califato de Córdoba. El aljibe de San José, que también perteneció a la mencionada mezquita, tiene su portada igualmente exenta respecto al templo, en su ángulo nororiental, y se ubica entre éste y la torre. Sus bóvedas sí se adentran bajo el cuerpo de la iglesia, en la zona ocupada por el coro.
La mezquita de los Morabitos fue demolida en 1517, levantándose el nuevo templo cristiano entre esta fecha y el año 1525, como una fábrica gótico-mudéjar, a cargo del maestro Rodrigo Hernández. Su feligresía fue mayoritaria de moriscos, hasta la expulsión de éstos del Reino de Granada, en 1571. Pero, asimismo, tuvo también un carácter nobiliario, debido a la presencia cercana del Tribunal de la Chancillería, hasta 1525, en la calle Oidores. Quizás por ello sea la única parroquial mudéjar del Albayzín en contar con una capilla mayor de propiedad nobiliaria para uso funerario. Entre 1540 y 1549 se le añadió un cuerpo a los pies, como coro de la iglesia. Las últimas reformas de significación corresponden ya a la segunda mitad del siglo XVIII, en un contexto de readecuación y modernización del mobiliario litúrgico de las parroquiales de la ciudad y del antiguo Reino de Granada: en San José se realizó el retablo mayor y se construyó la portada, la más moderna de las parroquiales mudéjares del Albayzín, quizás sustituyendo a otra de diseño ojival. Por su vitalidad como iglesia parroquial absorbió en 1842, en el contexto desamortizador del siglo XIX, a las parroquias suprimidas de San Miguel y San Nicolás, que pasaron a ser templos anejos de San José. Las dimensiones aproximadas de la iglesia son las siguientes: 26 metros de largo por 21 de ancho la nave y capillas laterales, más la capilla mayor cuadrada, de 10 metros de lado, y el coro, de 9 x 8 metros.
Las descripciones más amplias de este templo parroquial se deben a Gómez-Moreno (1892) y Gallego Burín (1946), completadas con aportaciones contemporáneas acerca de sus significaciones histórico-artísticas (Henares Cuéllar y López Guzmán, 1989; Gómez-Moreno Calera, 1995).
Como se ha dicho, fue dirigida su construcción por el maestro Rodrigo Hernández, que previamente había dirigido las obras de la parroquial de San Nicolás. Pero si esta iglesia, como San Cristóbal, respondían a una primera fase del mudéjar granadino, de clara vinculación con el mudéjar castellano, como un fuerte instrumento de aculturación sobre la población morisca, San José pertenece a una segunda fase de seguimiento de aquel programa goticista de creación de parroquiales, a la que pertenecen también las parroquiales de San Matías y San Cecilio, en el Realejo; y, ya con carácter transicional hacia la plena configuración del mudéjar renacentista granadino, San Miguel Bajo y San Luis, en el mismo Albayzín (Henares Cuéllar y López Guzmán, 1989). Lo que se desarrolla en la parroquial de San José es una iglesia de una sola nave, cubierta con faldones de madera sobre arcos diafragma, según una tipología arquitectónica de origen levantino, de gran funcionalidad, poco coste y facilidad de aprendizaje, que fue utilizada fundamentalmente en las obras parroquiales de las décadas de 1520 y 1530, y que sería finalmente sustituida por otras tipologías que permitían un mejor desarrollo de las riquísimas armaduras de lazo de tradición local. Este sistema de arcos diafragma, poco frecuente en la ciudad, es en la iglesia de San José donde aparece de la forma más clara y donde mejor se conserva, siendo, según Gómez-Moreno Calera, la iglesia parroquial de Loja el primer edificio del Reino de Granada donde se utilizó.
La nave, por tanto, posee cuatro grandes arcos diafragma ojivales apoyados sobre medias columnas, incluido el arco toral – éste enmarca en su trazado otro arco, de menor anchura y de medio punto-, que la dividen en cuatro tramos techados con cubierta a dos aguas, con jácenas y jaldetas, a la manera de los alfarjes planos, con canes de tracerías gótica y labor de menado (chillas de ocho y alfardones hexagonales en la tablazón). Entre los estribos de los arcos y los muros perimetrales se abren cuatro capillas a cada lado mediante arcos ojivales, correspondiendo una de ellas al atrio de entrada, y sobresaliendo exteriormente de los volúmenes del templo la tercera y la cuarta del lado del Evangelio, en línea con la sacristía del templo, que se abre a la izquierda de la capilla mayor, mientras que a su derecha se encuentran las actuales dependencias parroquiales.
Descripción de las capillas
Las capillas laterales se cierran con bóvedas de crucería, salvo la cuarta del lado del Evangelio, que ostenta una magnífica armadura mudéjar, usada probablemente con criterios de diferenciación y prestigio, dado el carácter nobiliario de su patronato fundado en el siglo XVI por don Sancho Méndez del Espinal y doña Isabel Méndez de Salazar. Esta capilla, conocida como capilla de San Bartolomé, de la Antigua o de Alonso Méndez de Salazar, por la lápida sepulcral en ella conservada relativa a este alcalde de corte de la Chancillería, muerto en 1529, se cubre mediante armadura de limas moamares, con lazo de ocho en el conjunto y dos piñas doradas en el almizate; realizada sin tirantes, puede contemplarse la decoración en su conjunto, dignificando a los mecenas que la usaron como espacio funerario. Fue achicada a finales del siglo XIX. La tercera capilla del mismo lado perteneció a la hermandad de Jesús y María, a cuyo cargo correría su ampliación, en forma de camarín, sobresaliendo de los muros generales, como la anterior. La segunda corresponde al hueco de entrada de la iglesia y la primera constituye el baptisterio. De las capillas del lado de la Epístola, la primera formó parte del cementerio parroquial, mientras que las otras tres tuvieron uso particular o pertenecieron a hermandades, como la segunda, relativa a la cofradía de los Zapateros. Por tanto, estos espacios aún reflejan las necesidades litúrgicas, funerarias y asistenciales características de las capillas secundarias durante la Edad Moderna.
Tras el citado arco toral, que ostenta escudos de los Reyes católicos y el arzobispo don Antón de Rojas, se pasa al volumen cuadrado de la capilla mayor, cuya imponente masa sirve de estribo, como se ha dicho, a la sacristía y a las dependencias parroquiales, a ambos lados. Constituye un espacio de gran significación, por ser la única capilla funeraria de signo nobiliario entre las parroquiales mudéjares del Albayzín, según práctica muy habitual en las iglesias de los siglos XV y XVI hasta la celebración del Concilio de Trento, y que transmite en clave escatológica el triunfo mundano de significaciones humanistas. Esta capilla fue fundada por doña Leonor Manrique, para enterramiento suyo y de su marido, don Pedro Carrillo de Montemayor, uno de los primeros regidores de la ciudad, muerto hacia 1505. Así reza en la inscripción que recorre el friso de la capilla, en caracteres góticos: “Esta capilla mandó hacer y dotar la muy magnífica señora doña Leonor Manrique para sepultura del muy magnífico señor Pedro Carrillo de Montemayor su marido, y suya, donde también está don Martín Cord, su hijo, a quien Dios en la flor de su juventud quitó la heredad temporal para darle la eterna. Acabóse año 1525″. Su cubierta, dado su carácter noble, se enriquece con relación a la nave, con una armadura octogonal de planta cuadrada y limas moamares, apeinazada con lazo de doce y nueve, con piñas de mocárabes en el sino de las estrellas El harneruelo combina ocho piñas doradas con la gran piña central. Las pechinas recurren en cambio a la tradición gótica, resolviendo en madera una estructura nervada. Esta armadura se decora en fin con grutescos dorados en la tablazón y en el friso (Henares Cuéllar y López Guzmán, 1989).
El espacio rectangular abierto a los pies de la iglesia fue realizado entre 1540 y 1549. Esta dividido en dos ámbitos, el inferior, destinado a coro, se abre mediante arco de medio punto y está cubierto con un artesonado renacentista de casetones hexagonales y octogonales, tallado por Domingo de Frechilla; el superior es una tribuna que estuvo cubierta con armadura mudéjar, quizás perdida desde que en 1874 se fundó en la cercana Casa del Almirante el Asilo de San José, por el arzobispo don Bienvenido Monzón, época en la que se unió dicha casa a la tribuna del templo mediante un pasadizo volado, desmontado en el año 2001 en las obras de rehabilitación del palacio.
La portada del templo es obra de mediados del siglo XVIII, realizada por el discípulo de José de Bada, Luis de Arévalo, último arquitecto del barroco granadino. Es un arco semicircular con medias columnas toscanas a los lados sobre pedestales y enjutas rehundidas bajo el entablamento, coronado éste por frontón curvo roto y hornacina de medio punto con la imagen dieciochesca de San José y el Niño. Esta portada corresponde a un diseño barroco atemperado por la incipiente llegada del neoclasicismo, y tiene su correlato en el retablo mayor de la iglesia, diseñado por Ventura Rodríguez en 1788, como obra entroncada con el barroco romano, con cuatro columnas corintias y desmesurado entablamento, que alberga un Crucifijo del siglo XVII, del círculo de Pablo de Rojas, y el grupo de San José y el Niño Jesús, obra de Torcuato Ruiz del Peral, del XVIII. Las escenografías pintadas de la capilla fueron realizadas en 1820, por Francisco Aranda Delgado.
Amén del retablo, esta iglesia posee repartidas por sus capillas numerosas obras de pintura y escultura, en parte propias y en parte procedentes de templos suprimidos durante el siglo XIX, como San Miguel y San Gregorio Bético. Las más notables de entre su patrimonio artístico son las siguientes: el único retablo gótico de la ciudad, con pinturas flamencas atribuidas a Pedro de Cristo y una copia de la Virgen de la Antigua de Sevilla; el retablo plateresco con las pinturas atribuidas a Juan Ramírez, de las primeras de estilo renacentista realizadas en Granada; el Crucificado de la Misericordia, una de las obras cumbres de la escultura barroca andaluza, realizado por José de Mora a finales del siglo XVII. Todo ello en la capilla de los Méndez de Salazar. Repartidos por otros lugares del templo cabe citar también las siguientes obras: otro retablo plateresco, con tablas italianizantes (tercera del Evangelio); la escultura de Jesús Flagelado, obra atribuida a Diego de Siloe, del siglo XVI (tercera de la Epístola); la escultura de la Inmaculada atribuida a Diego de Mora, de principios del siglo XVIII (gradas de la capilla mayor); el lienzo de Cristo Muerto realizado por Felipe Gómez de Valencia en 1668 (primera de la Epístola), el de la Inmaculada canesca atribuida a Juan de Sevilla (nave de la iglesia); el de la Visión de San Felipe Benicio, firmada en 1671 por Pedro Atanasio Bocanegra (capilla bautismal), el de la Virgen con el Niño, copia de cano realizada por Miguel Pérez de Aybar en 1664 (primera del Evangelio); los dieciochescos de la Piedad y Adoración de los Pastores, por Melchor de Guevara y García Melgarejo (capilla mayor); el retablo neoclásico de Francisco Vallejo (segunda de la Epístola) o las esculturas del XVIII, en fin, de San Francisco Caracciolo, de Sánchez Sarabia (primera del Evangelio) y San José y el Niño, de Felipe González (tercera del Evangelio). Esta colección de obras de arte también se debe al hecho de haber sido San José lugar de enterramiento de notables artistas granadinos, como Miguel Pérez de Aybar, Felipe Gómez de Valencia y Torcuato Ruiz del Peral.
Capilla Mayor
La capilla mayor, financiada por Leonor Manrique, esposa del corregidor Pedro Carrillo de Montemayor, es una joya de la integración estilos artísticos diferentes. Está separada de la nave por un arco toral con escudos heráldicos de esta familia y cubierta por una rica armadura mudéjar dorada y policromada, con lacerías y motivos geométricos transformados según la tradición renacentista.
El retablo mayor actual, diseñado por Ventura Rodríguez y ejecutado por Francisco Vallejo en 1788-1789 (pintado más tarde por Manuel González), sustituye al original renacentista del siglo XVI. Con columnas corintias y una hornacina central con la imagen de San José con el Niño, por Torcuato Ruiz del Peral, se acompaña de relieves barrocos que representan las escenas de la Natividad del Señor y la Epifanía, obra de Jaime Folch.
Responde al estilo barroco clasicista tardío, cuyo diseño refleja la transición del barroco decorativo hacia una estética más racional y academicista, acorde con los ideales ilustrados de finales del siglo XVIII.
Iglesia de San José
C. San José, 2, Albaicín, 18010 Granada
Horario: Sábados y Domingos de 11:30h a 13:30h
